[párrafo añadido el martes 29 de septiembre]
La admiración que siento por los autores que participaron en el curso ‘De Irulegi a Pompelo‘ se ha traducido en una recogida exhaustiva de apuntes que me va a llevar días ordenar y repasar. Pero estoy disfrutando inmensamente al hacerlo y con los datos que desconocía voy completando la comprensión del fenómeno que prefiero denominar «paradoja» en lugar de «falacia», como inicialmente hice tras la resaca (informativa) del domingo.
[texto original del domingo 27 de septiembre]
He asistido con devoción a un extraordinario curso celebrado los días 24 a 26 de septiembre de 2026 en el centro Civivox Pompelo, organizado por Aranzadi y comisariado por Javier Velaza.
El título que le di a la entrada el domingo, La gran falacia, describía la sensación con la que me desperté esa mañana, después de que el inconsciente sintetizara las principales píldoras recibidas durante el curso. Pero hoy, que ya es martes, prefiero denominarla paradoja, por respeto a los participantes. La más decisiva es esta: entre el poblado vascón de Irulegui y el Pompelo romano —y desde entonces hasta la actualidad— se habría producido una continuidad etnocultural milagrosa y excepcional cuyo principal exponente sería la lengua, el euskera.
Deseo expresar ante todo mi gratitud a los organizadores y a los ponentes, por quienes siento una admiración absoluta. Adelanto los primeros mensajes de un hilo que iré completando en días sucesivos.
Javier Velaza ejerció de anfitrión, cicerone, maestro de ceremonias y comisario del curso 'De Irulegi a Pompelo'. Fue la figura central e indiscutible del programa. Su ponencia, anterior a la de Joaquín Gorrochategui, puso fin a la última sesión del curso.https://t.co/chbw98Kf3a pic.twitter.com/MrQOCKfV16
— Joseba Abaitua (@kavango) September 28, 2026
./.. porque no sabía representar el sonido JÉ de su nombre en latín. Era un griego que vivía cerca de la plaza del Castillo, entre gente que seguía hablando vascónico, con romanos que se mezclaban… Casi, como en Sanfermines. Metáfora poética, Εὐτυχής significa ‘buena fortuna’» pic.twitter.com/WXD88mUXVv
— Joseba Abaitua (@kavango) September 28, 2026
Año 57, Pamplona renueva un pacto con Lucio Pompeyo, de la tribu Aniense Primiano. Son notarios Sexto Pompeyo Nepote y Sergio Crescente. Cree Velaza que la ciudad había perdido su estatuto jurídico privilegiado en época cesariana, como Sagunto, en represalia a su fundador Pompeyo pic.twitter.com/wLrorCvCc7
— Joseba Abaitua (@kavango) September 29, 2026

5 respuestas a «‘De Irulegi a Pompelo’: la gran paradoja»
Voy a abrir el debate con esta idea motora: es cierto que existe continuidad etnocultural milagrosa y excepcional cuyo principal exponente es el euskera, pero la clave de este fenómeno no es posible hallarlo en el Pompelo romano, ni tampoco en el territorio de los vascones de época imperial. El ‘vascónico’ de los devotos a Larrahe de Iruñerria dejó de utilizarse para el siglo III (pace Luis Mari) y sus rescoldos no explican la extraordinaria pujanza de la lengua a partir del siglo V en ese mismo espacio (pace Joan). La explicación debe buscarse en otro lugar y mediante otro tipo de fenómeno muy común en la tardoantigüedad. Mientras se soslaye esta otra versión de los hechos, apoyada en sólidos indicios y considerable bibliografía, creo se sigue alimentando una falacia que solo puedo entender en clave de rentabilidad social y política (pace Joaquín y Javier).
Una lástima no haber podido acudir al curso. Tengo especial interés en conocer los detalles de dos ponencias en particular: la de Ignacio Simón sobre Los jinetes del Bronce de Áscoli y la de Joaquín Gorrochategui acerca de La escritura y la lengua de los vascones. ¿Sería posible que compartieras algún apunte destacado o los elementos más novedosos que se plantearon en estas intervenciones?
Por supuesto, Eneko. Te los envío por privado. De todas formas, las sesiones se grabaron, así que más pronto que tarde estarán disponibles. Por mi parte tengo intención de ir publicando citas y diapositivas en mi cuenta de Twitter. A ver si mañana mismo empiezo. Mi idea era ir haciéndolo por el final.
Llevaba tascando el freno desde el domingo, por si alguien añadía algo antes de sulfurarme prematuramente. Celebro el gesto corrector del autor de la entrada, aunque para mi gusto sería beneficioso evitar especulaciones sobre hipotéticos móviles extracientíficos de los investigadores, y limitarse a criticar los fallos académicos en que puedan incurrir. Sin ir más lejos, este mismo mes de septiembre, incluso la misma semana de las charlas de Civivox Pompelo, y sin salir de la propia Pamplona, hemos «disfrutado» en espacios públicos del ámbito académico y divulgativo de otras charlas en las que figuras con titulación relativa al tema que tratamos hacían algunas afirmaciones que algunos calificaríamos de impertinencias, por utilizar un eufemismo. Y aquí no pasa nada.
Por tanto, me aplico el cuento y le planteo a Joseba una pequeña duda que me surge en un detalle de su texto, que no sé si es un lapsus, una licencia literaria o una falta de comprensión por mi parte. Se trata de este fragmento: «El ‘vascónico’ de los devotos a Larrahe de Iruñerria dejó de utilizarse para el siglo III y sus rescoldos no explican la extraordinaria pujanza de la lengua a partir del siglo V en ese mismo espacio.»
El vascónico dejaría de utilizarse para el siglo III, quedando las tierras vasconas de la actual Navarra como monocultivo latino, hasta que hacia el fin de la antigüedad se implanta la variante idiomática que encaja con su continuación mediante el euskera histórico: es el aquitano, cuya piedra de toque es la aspiración delatada por la hache. Pero entonces ¿que pinta «Laharre» (y supongo que se podrían añadir las demás muestras de tipo aquitano de la zona media) entre los últimos vascónicos? ¿Les estaba llegando la moda aquitana justo cuando ellos abandonaban la escena? Si la romanización (latinización) era tan potente como para eliminar todo vestigio paleohispánico al sur de los Pirineos ¿como es que los latinizados y, tal vez, los últimos vascónicos se dejan casi a continuación comer el pan del morral por unos advenedizos?
No estoy capacitado para evaluar las explicaciones puramente lingüísticas del embrollo, pero conforme surgen más testimonios del abigarrado panorama lingüístico del alto Ebro más complicado se me hace conciliar esa hipótesis del cambio lingüístico con el comportamiento político y social que cabría esperar.
Gracias, Félix. Tienes razón en muchas de tus apreciaciones, pero estoy liado con asuntos del día a día y no acabo de pulir una explicación que te debo a ti y a los lectores de Trifinium en general. Lo siento. Abrevio provisionalmente una respuesta, hasta que encuentre el momento en que pueda hacerlo con el detalle que se merece. Tiene que ver con la confusión de tres situaciones lingüísticas que considero Velaza no aprecia (ni quiere hacerlo) y Gorrochategui no prioriza ni contradice, en beneficio de la duda. Son las siguientes:
1. Vascónico I (siglo I a C). Los vascones de Irulegui, a diferencia de sus vecinos aquitanos al otro lado de los Pirineos, utilizan para escribir un signario paleohispánico de origen ibérico. Es el resultado de un intenso flujo cultural procedente del litoral levantino que penetra en el Ebro Medio y asciende por el curso alto del Arga
2. Vascónico II (siglos I y II). No hay evidencias claras que prueben la relación directa (de causalidad) entre el vascónico de Irulegui (I) y el de los epígrafes de época imperial (II), cuya relación genética (y seguramente causal) con los epígrafes aquitanos es por otra parte palpable
3. Vascónico III (siglos IV-V). Se constata, por la toponimia y la onomástica personal, una gran fortaleza expansiva de la lengua vasca (euskera histórico, euskera común antiguo), desde la cuenca de Pamplona hacia los espacios circundantes (salvo el área meridional), que da inicio al proceso de diversificación dialectal
Respecto al punto 2, considero que hay indicios sobrados de una regresión absoluta del vascoaquitano (vascónico II) en la cuenca de Pamplona en el siglo III y que esa situación (de lengua moribunda) no es una base sólida que explique la pujanza del vasco común antiguo (vascónico III) a partir del siglo IV.
Velaza, de manera insistente, mantiene la relación directa (y consecuentemente también causal) entre los tres episodios lingüísticos, vascónico I, II y III. Por su parte, creo que Gorrochategui reconoce con suficiente claridad la existencia de un hiato entre II y III, y que duda, sin tapujos, respecto a la relación directa (causal) entre I y II. Pero no quiere contradecir, al menos en público, a Velaza. Por este motivo, es el planteamiento de Velaza el que llega al público, además con la suma de ambas autoridades. De esa manera se realimenta la creencia de una continuidad etnolingüística de los habitantes de «Vasconia» (Euskal Herria) desde la prehistoria hasta el presente. Considero que es un mensaje sesgado, incompleto e inadecuado.