[Publico este borrador por temor a que los comentarios se desvíen hacia la entrada anterior. En los próximos días trataré de completar la reseña de la intervención de Joseba Lakarra en el First International Conference on the History of Basque (ICHB1), Vitoria-Gasteiz, 25-27 noviembre de 2025.]
Euskara erromatartze aitzineko garaian: Honatx Joseba Lakarraren iritzia mendebaldeko lurraldeen "Baskonizazio berantiarraz". Hipotesi horren defendatzaile José Miguel Martinez Aretak egin zizkion galderak. Azaroak 25, asteartearekin, EHUko Gasteizko campusean. #ICHB1pic.twitter.com/9rg0toHZWz
El yacimiento de Iruña-Veleia ha aportado extraordinarias novedades este comienzo de verano (que abrevio con este tuit de César Dorado).
Y aquí termina este paseo por la fascinante Iruña-Veleia y su recién hallado circo. Mi enhorabuena a @arkikus y a la Diputación Foral de @Araba de quienes procede la información y fotos referentes al descubrimiento. Espero que os haya gustado. Gracias por leerme. pic.twitter.com/Rt7GDgt60r
Entre las cuestiones abiertas, una que me interesa especialmente es el apelativo con el que se conoce desde antiguo, Iruña, que algunos han traducido como “la ciudad capital de un territorio”, o de su hinterland (área rural que rodea una urbe). Tengo algunas dudas:
Versión provisional de un borrador, rescatado de la papelera, a punto de ir a dormir el sueño de los justos. Transcribo la última versión del 12 de junio 2019, que se irá adecentando y completando en los próximos días. Hay un artículo de Koldo Mitxelena, ‘Estratos en la toponimia alavesa‘ [apuntes], que aporta un precedente valiosísimo. Una versión preliminar de este borrador se presentó en II Encuentro de Onomástica, Amurrio (2016.11.05) con el título ‘Innovaciones occidentales de la toponimia vasca de Álava’ [diapos] [vídeo]. Estoy más satisfecho de las diapositivas que del vídeo.
Palabras clave: historia del euskera, toponimia vasca, contacto vascorrománico, préstamos latino-románicos en euskera, dialectología vasca, euskera occidental
Avances recientes en la reconstrucción de la lengua vasca en las fases previas al proceso dialectal así como el conocimiento cada vez más preciso sobre el origen y evolución de las áreas dialectales aportan indicios aclaratorios acerca de la estratigrafía lingüística del País Vasco. A ello cabe sumar la ayuda inestimable de la toponimia, relativamente bien documentada desde fechas cercanas al momento de su origen, sobre todo de la toponimia menor. Entre las fuentes que se conservan sin duda la estrella es De ferro de Álava o Reja de San Milllán, de 1025.
Sabe Emiliana Ramos las ganas que tenía de publicar a dúo algo sobre el préstamo romance bolin, ‘molino’ en euskera. Pero otras obligaciones apremian y antes de tirar la toalla definitivamente vamos a pasar a limpio algunos datos que hemos ido recopilando y que pueden servir para trabajos futuros.
Bolin y sus variantes morin, bolun son motivo de intriga por varias razones. La primera y principal es que solo aparecen en el área occidental del país (Álava, Vizcaya y cuenca alta del Deva), como también sucede con abad, oste, padura, sautu y algunos otros pocos apelativos genéricos. Por eso sabemos que no formaban parte del léxico compartido del vasco común antiguo (VCA), ni entraron desde el latín, sino desde el romance molín (siglos VIII-X). Otro motivo de intriga es que conviven con errota ‘molino’, al que no substituyen, y que también es muy frecuente en esta área occidental, por lo que caben dudas sobre si bolin y errota tienen algún tipo de complementariedad semántica. O más bien tuvieron, porque el término bolin está en desuso y solo aparece fosilizado en la toponimia. El tercer motivo de interés es que hay una pequeña especialización espacial de las variantes (molin, bolin, morin, borin, bolun): la variante bolu(n) aparece de manera exclusiva en la toponimia de Guecho y es mayoritaria en otras zonas de Vizcaya, pero es inexistente en la Montaña Alavesa y en Treviño (ver tabla con datos estadísticos). En la Llanada alavesa, Zuya y Ayala es donde más abundancia y variedad de formas se conservan.
Nos apunta Octavià que la fragua hidráulica fue un invento medieval: “el molino hidráulico en otros lugares de Europa se usó en los batanes, pero en el País Vasco fue adaptado a la forja del hierro”
He trasladado los topónimos de la base de datos abierta del Gobierno Vasco a las tabla1, tabla2, lista3 e intentado representar la distribución geográfica y numérica mediante este (muy mejorable) gráfico:
En una noche de confinamiento e inspiración, vamos a iniciar esta nueva entrada con solo dos elementos: el croquis de Julen Díaz de Argote y un tuit. Iré añadiendo sobre la marcha tuits y párrafos explicatorios, pero lo primero es justificar el título, que originalmente iba a ser ‘Malizhaeza contra Langrares, dos alfoces enfrentados (siglos V-VIII)’, con varios anacronismos. Así, el topónimo Malizhaeza posiblemente no se acuñe hasta bien entrado el siglo VII, como muy pronto, por motivos que iremos exponiendo más adelante. Es casi seguro que Langrares ya existiera mucho antes del V, porque apunta a prerromano. Pero sobre todo hemos reemplazado el término alfoz, utilizado en la Reja de San Millán de 1025 para describir estos espacios, porque éste sí habría sido un anacronismo imperdonable, ya que hay suficientes indicios para suponer que dicho arabismo no se utilizó, al menos en nuestra zona, antes del siglo X. Más adelante daremos cuenta de ellos.
Creo recordar al arqueólogo Ismael García-Gómez asentir sobre la rareza del emplazamiento de la vieja Gasteiz en lo alto de un cerro. Habría sido más eficaz establecer la forja de Gaste en algún otro lugar del llano (Abendangu, Adurzaha, Arriaga, Ihurre, Lopeggana…), poblaciones todas ellas cercanas. Y mejor comunicadas, y con menor esfuerzo para el acopio de materia prima, minerales (o más bien ferrones de Bagoeta), leña, agua… Tuvo que ser la seguridad el motivo principal para elevar la forja a lo alto del cerro, un lugar mucho más adecuado para la defensa. En su perímetro lo más probable es que se alzara una empalizada, de la que no queda registro arqueológico, previa al levantamiento de muralla de manpuesto del siglo XII.
Primera diapositiva de la charla ‘Contactos entre vascuence y romance castellano’, II Jornadas de Historia de Oña. Orígenes del castellano. Patrimonio lingüístico, 13 de julio de 2019. [diapositivas]
Oña ofrece el marco perfecto para reflexionar acerca de una cuestión de historia lingüística de extraordinaria relevancia. Este enclave forma parte de un área de contacto secular de lenguas en la intersección de las actuales provincias de Álava, Burgos, Cantabria y Vizcaya. Se trata de un territorio que fue escenario en los siglos VIII-XI de la formación del castellano –en su evolución local a partir de un latín vernáculo– y simultáneamente del surgimiento y etapas iniciales de los dialectos vascos. Para muchos estudiosos, el contacto vascorromántico explica algunas de las principales singularidades tanto del castellano, dentro de lo que se ha venido en llamar ‘continuo dialectal norteño’, como de los dialectos vascos, más particularmente de la variante occidental de euskera, también conocida como euskera vizcaíno.
Reflexiones ante la decisión del Instituto Geográfico Nacional de denominar oficialmente ‘sierra de Toloño’ a toda la cadena montañosa
No tenía intención de intervenir, incluso tras conocer la decisión oficial de extender el nombre “sierra de Toloño” a toda la cadena, desde las Conchas de Haro hasta la Peña de Lapoblación. Pero como quien calla otorga, no voy a callar y trataré de seguir paso a paso la secuencia de hechos que han conducido a este desenlace, y procurando, aunque sea tarea difícil, ser breve. Conste que no hubiera dado un paso si las conversaciones con gentes de Rioja Alavesa y de la Montaña, los acuerdos de Ayuntamientos y Asociaciones Culturales, así como de la Cuadrilla de Laguardia-Rioja Alavesa no hubieran apoyado desde el primer momento que la sierra que está al sur de Álava se ha conocido y se conoce con los nombres de sierra de Toloño, sierra de Cantabria y sierra de Codés, siendo el más usado y popular el de sierra de Cantabria para toda ella.
En los años setenta-noventa nadie cuestionaba la denominación de la cadena montañosa situada al sur de Álava:
Seguramente fue un sincero y legítimo sentimiento de desatención lo que movió al entonces cura de Bernedo, José Antonio González Salazar, a sacar una nota en el órgano de la Academia de la Lengua Vasca Euskaltzaindia reivindicando para el nombre Toloño una mayor consideración. Partía el sacerdote y etnógrafo de la constatación de la preponderancia que tenía desde la cartografía antigua la denominación sierra de Cantabria frente a la de Toloño, que él creía más legítima. Habla en todo momento de impresiones y pareceres y seguramente ni de lejos sospechaba que toda la maquinaria académica se pondría en marcha hasta pretender desterrar la denominación cultista pero popular, antigua pero no primigenia (“creada tardíamente ex novo”) de la sentenciada sierra de Cantabria. Informes posteriores de la comisión de Onomástica de Euskaltzaindia dieron el rango de dictamen a aquella primera nota y se sucedieron otros que instaban a las autoridades al cambio en la denominación oficial de la sierra. Han pasado casi tres décadas de un empeño absurdo de desterrar por ilegítima, cultista, libresca, exógena y no sabemos cuántos pecados más a una denominación antigua y muy arraigada en el uso actual de alaveses y riojanos, especialmente los más cercanos a la sierra. Es llamativo que sea la Academia de la Lengua Vasca, en nombre de la tradición popular, la que abandere esta “reconquista” de un nombre que ellos mismos en sus informes reconocen “no vasco”, los mismos que acaban de rebautizar al San Mamésbilbaíno con un Santimami sacado no se sabe de dónde o que retiraron a regañadientes el fantasma Biasteri como denominación de Laguardia solo cuando se oyeron voces de juzgado. Ahora dicen que fue un error de comunicación. No haría mal la Academia si dedicara sus mejores saberes y energías a la publicación de una gramática del euskara que tanto años llevamos esperando, labor a la que específicamente se dedican, junto al diccionario, las academias de la lengua, y no a promover controversias totalmente ajenas a su quehacer. Ha pretendido sentenciar y zanjar, con la promoción y edición de un libro para el que no ha escatimado medios y con atribuciones que no le corresponden, una polémica que ellos mismos han encendido. Pero la realidad y la historia son muy tozudas y el pueblo muy amante de sus usos y costumbres.
Mapa de las sierras Cantabria y Toloño de 1848, por Francisco Coello y Pascual Madoz
Nos hacemso eco en Trifinium de la polémica en torno a los orónimos Cantabria y Toloño al hilo del libro de José Ángel Chasco, editado y distribuido por Euskaltzaindia (7.300 ejemplares), Sierra de Toloño, nexo de la montaña y la Rioja Alavesa. Dice el autor “el nombre de Sierra de Toloño, constatado en la zona occidental desde el siglo XIII y en las zonas central y oriental desde el siglo XVIII, ha llegado vivo en el habla popular hasta la generación de nuestros padres y abuelos. El nombre Toloño hace referencia a un lugar concreto, a la sierra en la que hubo un castillo y santuario; la denominación Cantabria es un error que está fuera de todo contexto geográfico e histórico. La Cantabria más cercana a Toloño es un cerro que hay junto a Logroño, que no tiene que ver con nuestra sierra” (Noticias de Álava, 23.11.2017).