Alberto Plata, encargado de comunicación de Salinas de Añana, en una reciente entrevista de Isaac Moreno Gallo, decía:
La sal es un recurso estratégico y más para el ejército. Así que imaginaros en un tiempo en el que esto está lleno de ejércitos romanos, porque Augusto trajo entre siete y ocho legiones. Imagínate toda esta zona llena de soldados que necesitan muchísima sal.

Las excavaciones realizadas en el entramado urbano de Salionca han revelado que un gran incendio arrasó la ciudad en el siglo V. Entre los hallazgos destaca un conjunto excepcional de herramientas de carpintería que alguien, al percibir el peligro, enterró en su propia vivienda y nunca regresó a recuperarlas.
Este episodio marca la desaparición del sistema romano que controlaba la producción de sal y, con ello, un cambio profundo en el poblamiento del valle. Sin la administración imperial, ya no era viable gestionar las salinas desde lejos: los salineros tuvieron que instalarse junto al lugar de producción. Sabemos que, desde ese momento, buena parte de la población se desplazó al entorno inmediato del Valle Salado, configurando un poblamiento disperso que se mantuvo durante toda la Antigüedad Tardía. En este contexto de transformación territorial y reorganización económica, resulta especialmente relevante la interpretación de Alberto Plata sobre el origen de la ciudad romana:
Otra cosa interesante es la importancia que cogieron estos lugares de producción salina en el desarrollo de núcleos urbanos para el control de la producción. Salinas de Añana no era un sitio adecuado para poner una ciudad romana porque no está en un cruce de caminos, no tiene el agua dulce necesaria, por lo que hicieron fue construir una ciudad en Espejo, que es el yacimiento de Las Ermitas (del que se han excavado más de 3,000 m²). ¿Por qué hacen eso? Porque solo producen sal en verano. Sea con sol, o con fuego, solo se produce sal en verano. Entonces, durante el verano esos salineros que vivían en Salionca subirían a producir sal y luego toda la producción al final de la temporada se llevaría a la ciudad.
Pasa lo mismo en Poza de la Sal. La ciudad romana no está en el propio yacimiento, sino a dos kilómetros. Es Flavia Augusta. No es una ciudad perromana, sino una nueva ciudad destinada a la comercialización de la sal. Se trata de ciudades flavias que están en una red de carreteras flavias con miliarios flavios. Comunicaban con Flaviobriga, actual Castro Urdiales, en la costa; costa que, por cierto, no es apta para fabricar sal, aunque tenga mar, porque el clima no lo permite.
En 2024 se descubrió en Pompeya la tumba monumental de un prefecto llamado Numerio Agrestino, a quien Alberto Plata atribuye la reorganización logística de la explotación salinera autrigona. Hasta el contacto con Roma, durante unos cinco mil años, la sal de Añana se había producido mediante un sistema basado en combustión de leña para generar el calor necesario en la evaporación. La intervención romana supuso una transformación profunda de este modelo ancestral.

Todo el valle estaría negro de cenizas; en todo el entorno no quedaría un solo árbol porque lo habrían cortado. El cambio del valle negro al valle blanco que ahora vemos se va a producir en época romana.
Los ingenieros romanos introdujeron en Añana el método mediterráneo de evaporación en eras horizontales, sustituyendo el antiguo sistema de combustión de leña por un modelo mucho más eficiente. Para ello construyeron un amplio complejo de terrazas y almacenes de madera, un material que resulta completamente inocuo frente a la acción corrosiva de la sal. La implantación de esta técnica supuso un salto cualitativo en la organización del trabajo y multiplicó la capacidad de producción del valle.

A diferencia de Añana, en Poza de la Sal no hay manantiales naturales de agua salada.
Lo que hicieron los romanos fue construir un sistema que es totalmente ingenioso. Construyeron en el diapiro unas galerías verticales que pueden llegar a tener hasta treinta metros de profundidad. Hicieron una galería horizontal con pendiente muy bien estudiada para que no se derrumbara y luego otra galería por la que salía el agua más abajo. Inyectaban agua dulce del entorno por una de las galerías a modo de sifón, este agua arrastraba los materiales salinos y por la otra galería el agua hipersalada iba a las eras de desecación.
Marta Fernández Corral ha valorado la importancia de la mención a un praefectus autrigon(um) en la tumba monumental hallada en Pompeya y considera que la inscripción se convierte en un testimonio excepcional para el conocimiento de la acción romana en el norte de Hispania. Existen otros prefectos encargados de la administración de diferentes territorios, «pero este es el primero documentado para los autrigones», lo que reforzaría el alcance de la reorganización impulsada en la zona.
El incendio que destruyó Salionca en el siglo V marca el final del control romano sobre la explotación salinera y constituye un testimonio directo de la inestabilidad generada por las invasiones germánicas, en la que se enmarca la expansión de los vascones hacia la Llanada alavesa primero, durante la Antigüedad Tardía, y por la vía equínea hacia el valle de Losa, poco después. Este contexto explica la aparición de nuevos recintos defensivos, como la fortaleza de Tedeja, cuya función ha sido analizada por José Ángel Lecanda.
Todo ello permite afirmar que, en el siglo V, se producen transformaciones profundas en el control de los recursos y en la organización económica. La desaparición de la administración romana, la presión de grupos externos y la reconfiguración territorial obligaron a redefinir los sistemas de explotación, entre los que destaca el salinero, que pasó a depender de estructuras locales y de un poblamiento mucho más fragmentado
Explica Alberto Plata que el siguiente gran cambio de poblamiento llegó con la conquista islámica. A partir del año 711, las fuentes documentan más de veinte incursiones procedentes de al‑Ándalus en esta zona a lo largo del siglo IX. En Salinas de Añana se registran dos ataques concretos: uno en 822 y otro en 865. Este último menciona expresamente la destrucción Al-Mallaha, descrita por los cronistas árabes como una de las obras y fortalezas más valiosas del conde Rodrigo, destruyendo sus defensas y los alrededores antes de iniciar la retirada. El objetivo era claro: desmantelar un distrito salinero todavía muy activo y evitar que los incipientes reinos cristianos mantuvieran un recurso estratégico tan valioso.
19 respuestas a «La quema de Salionca»
Hola Joseba.
La entrevista es muy interesante, pero la identificación de Salionca con Las Ermitas – Salinas de Añana dista mucho de estar probada. Yo soy más partidario de su localización en Salinas de Rosio, donde al menos tenemos el hidrónimo Salón (vosotros, que sois los entendidos, diréis si es algo más que una coincidencia «de soniquete») y el yacimiento romano, mucho más cercano a la explotación salinera. Hay demasiadas cosas en la entrevista que necesitarían más aclaraciones, pero, claro, el formato manda. Respecto al epígrafe de Pompeya cabe señalar también que hay que esperar a un estudio más completo que descarte la interpretación militar del cargo de prefecto y ajuste en la medida de lo posible la cronologia de su desempeño. Enhorabuena por el blog, que sigo siempre que puedo.
Saludos
Juanjo
Perdona mi restraso en contestar, Juanjo. Deseo comenzar compartiendo con los lectores de Trifinium el gran aprecio que te tengo y la deuda que la teoría que aquí defendemos tiene con tu libro de 2001 La romanización en los valles cantábricos alaveses. El yacimiento arqueológico de Aloria (ver citas).
Sobre la identificación de Salionca no tengo capacidad para entrar en ese debate y me remito a las publicaciones de Alberto Plata, José Manuel Martínez Torrecilla y Oliver Willer, en las que defienden la opción alavesa de Espejo.
Aprovecho este comentario para enlazar un artículo reciente publicado en El País (14/08/2026) sobre un libro escrito por el periodista estadounidense Mark Kurlansky en 2002, Sal. Historia de la única piedra comestible, que está viviendo un inesperado resurgimiento gracias a las redes sociales.
Copio de la reseña de María Arranz:
La cita de Juanjo Cepeda 2001 refiere al euskera como una lengua de origen preindoeuropeo. En el actual 2026, parece más apropiado No-indoeuropeo para el ibérico y aquitano, y por tanto para el origen del euskera. Cuestión indicada hace algún tiempo en otra entrada por Orkeikelaur, para evitar implicaciones y presunciones inconvenientes.
Tratado con anterioridad en este blog, en la actualidad, los indicios, y la opinión de los expertos, se inclinan a una mayor antigüedad en la Península de las lenguas indoeuropeas preceltas desde el Campaniforme a partir de 2.500 a.C, mientras el ibero-aquitano estaría vinculado a la llegada de migrantes de los Campos de Urnas a partir del 1.300 a.C.
Después de veinte años del trabajo de la cita, suponemos que Juanjo Cepeda también compartirá que es mejor referirse al origen del euskera como No-indoeuropeo, en lugar de preindoeuropeo por las implicaciones que ello supondría, lejos de estar sustentadas por los datos e indicios disponibles en la actualidad.
Sobre el valor de la sal en la antigüedad, también se comentó a propósito de la etimología de Gerri de la sal, más que probable topónimo prerromano paleoeuskera, la importancia de la sal para la óptima explotación de la cabaña bovina y la extensa red comercial de larga distancia de los famosos perniles, que probablemente contribuiría al desarrollo cerretano y su proceso de etnogénesis:
https://trifinium.org/western-vasconia-year-1025/#comment-27574
Los estudios genéticos avanzan lentos pero seguros. Dos son los más importantes para lo que nos incumbe:
– Papak, Luka; de Miguel Ibáñez, Patxuka; Rohrlach, Adam B.; Armendáriz Martija, Javier; Peres, Marcello; Lamnidis, Thiseas C.; Mötsch, Angela; Schiffels, Stephan; Risch, Roberto: «Intramural child burials in Iron Age Navarra: How ancient DNA can contribute to household archaeology», en Meller, H., Krause, J., Haak, W., Risch R. (Coords.), Kinship, sex, and biological relatednessthe contribution of archaeogenetics to the understanding of social and biological relations: 15th Archaeological Conference of Central Germany (pp. 263-295). Landesmuseum für Vorgeschichte. 2023.
– Bretos Ezcurra; M., Rohrlach, A.B.; Papac, L. et al: «Genomic insights from a final Bronze Age community buried in a collective tumulus in an Urnfield settlement in Northeastern Iberia». Commun Biol 8, 1299, año 2025.
A través de ellos podemos afirmar que en el noreste se produjo una llegada de población nueva que coincide con la dispersión de la cremación en torno al 1300 a.C., y que en la necrópolis de Los Castellets contribuye con el 17 % al ADN de los individuos analizados. Este cambio también se produce en la Celtiberia y en territorio vascón y berón, como demuestran estos estudios. Sin embargo, estas últimas muestras son de la Edad del Hierro, en concreto de la Primera Edad del Hierro (780-400 a.C.), por lo que se sitúan más lejos que las muestras de Los Castellets, que tienen una cronología entre el 1200 y el 1020 a.C. para las muestras y del Bronce Final en general para la necrópolis en su conjunto. Es decir, que los individuos de Los Castellets están más cerca del cambio que los de la Edad del Hierro. Estos últimos confirman que el cambio se produjo, ya que los modelos de análisis genético nos dicen que no hay continuidad con las poblaciones del Bronce Medio de esos territorios. Es más, las poblaciones que contribuyen con su ADN tienen un componente de la estepa mayor, por lo que tienen que venir de allende los Pirineos. En el caso de Los Castellets, los autores se inclinan por el sur de Francia, pese a que la falta de muestras de esa zona impide su correcta identificación. En el caso de Navarra este apartado está pobremente trabajado en el artículo, solo se confirma que hay un 10,9 % de genes que aporta una población que no es la anterior del Bronce Medio peninsular, y que el Campaniforme de Francia es la más cercana que se puede tomar para identificar esta contribución, aunque de nuevo no es más que una aproximación y la fuente real debe estar todavía no muestreada.
Como sabemos con seguridad que los celtas tuvieron que llegar de fuera, se va instalando la opinión de que esta llegada de poblaciones en torno al 1300 a.C., que podíamos registrar a partir de la arqueología y que ahora confirma la genética, fue la responsable de la introducción de la lengua celta en la Península, que con el tiempo llegaría a dar como resultado la aparición del celtibérico. Pero este cambio también se produce en el noreste, y casualmente coincide de forma exacta, sobre todo arqueológicamente, con la posterior cultura ibérica. Dados los indicios ya comentados en este blog de que las lenguas íberoaquitanas tienen pinta de no ser anteriores a las indoeuropeas sino lo contrario, en mi opinión se está abriendo finalmente la puerta a considerar que, junto con los celtas, también los íberos llegaron en el año 1300 a.C. a la Península, imponiendo progresivamente su lengua en una serie de expansiones que tenemos más o menos documentadas por las fuentes escritas y la arqueología. Para el caso de las poblaciones que serán los futuros vascones, la cronología de su llegada no está tan clara, ya que el área de las Cinco Villas o Huesca no presenta indicios de estas novedades hasta tan tarde como el 920 a.C. en algunos casos. Personalmente, pienso que el ritmo fue distinto al del caso íbero y celtíbero, y que hay que esperar (los niveles del Bronce Final en Irulegi pueden ser de gran ayuda cuando se publiquen).
Para terminar, recordar que esta posible expansión celta a Hispania en torno al 1300 a.C. coincide de forma exacta con la llegada de poblaciones celtas al norte de Italia, donde crearon la llamada cultura de Canegrate (1300-1200 a.C.) que daría lugar a la cultura de Golasecca, que se corresponde con los oromobios, pueblo que hablaba la lengua céltica conocida (a mi parecer de forma errónea) como lepóntico. Quiero mencionar las palabras de Amiano Marcelino (XV, 9, 6), que al hablar del origen de los galos, es decir, de los celtas, y sus tradiciones, en este pasaje dice lo siguiente:
«Por otra parte, son sobre todo los habitantes de estas regiones (se refiere a la Galia, a los celtas/galos) los que dan crédito a una noticia que nosotros hemos leído grabada en sus monumentos: que Hércules, el hijo de Anfitrión, buscó afanosamente la destrucción de Gerión y Taurisco, crueles tiranos, de los cuales uno tenía oprimida Hispania y el otro la Galia. Y que, una vez superados ambos, mantuvo relaciones con mujeres nobles y tuvo varios hijos, que dieron sus nombres a las tierras sobre las que gobernaban.»
¿Recuerdo de las expansiones celtas en Hispania, Italia y en la misma Galia? En mi opinión, es muy posible.
En esta tarde espesa, no me he aclarado mucho, perdona, JAC.
Si me permites unas preguntas:
–Los estudios parecen decir que, con la llegada de población al noreste peninsular, hubo un aporte genético del 17%…
Queda (por ahí) un resto del 83%, ¿no?
–En El Argar se dió una sustitución del 100%. En el nordeste peninsular parece claro que se dio un mestizaje con esta llegada de población, originariamente Yamnaya pero ya mestiza, procedente del Europa Central. Y tu mismo reconoces que, contradictoriamente, la aportación genética de esas gentes es más débil hacia lo que luego fue el corazón de Celtiberia (Soria) y más débil aún hacia Huesca…
–Sí sabemos que llegó una nueva cultura en lo tecnológico, en lo social… Y razonablemente podemos suponer que esas gentes trajeron la lengua celta que con el tiempo llegaría a dar como resultado la aparición del celtibérico (muchos años después, eh?).
–Pero contradictoriamente no hay mucho testimonio del celtíbero en el mismo noreste peninsular…
–Para explicar esto, introduces: «Este cambio también se produce en el noreste, y casualmente coincide de forma exacta, sobre todo arqueológicamente, con la posterior cultura ibérica. Dados los indicios ya comentados en este blog de que las lenguas íberoaquitanas tienen pinta de no ser anteriores a las indoeuropeas”.
–Entiendo que vienes a decir, a la brava, que los celtas «primer». Y los iberos y todos los demás “luego después”, a la cola.
–¿Y dónde ha quedado aquel 83% de las gentes locales del noreste peninsular, por ejemplo, hechos desaparecer de la vista?
–El sentido común me dice que esa «población local» (83% en aquel caso) continuó siendo “indígena» (¿ibera?), es un decir; continuó habitando su territorio, vamos (eso sí, recibiendo aportes y reportes de aquí y de allá) lo que explica que no haya datos de la llegada de iberos desde fuera).
¿Qué te parece?
Antton:
-En El Argar no se dio una sustitución del 100 %, es más, son las sociedades de la Edad del Cobre del sur peninsular las que menos porcentaje de herencia esteparia presentan de toda la Península Ibérica.
– En toda la Península se dio un mestizaje a la llegada de las gentes del Campaniforme. Los Yamnaya no llegaron nunca a Europa Occidental, los que llegaron fueron los Campaniformes, y lo hicieron en torno al 2500 a.C. y por dos vías, el Pirineo occidental y el Pirineo oriental. Estos pueblos campaniformes son los primeros indoeuropeos en llegar, yo estoy hablando de 1200 años después.
– La aportación de estas gentes, que genéticamente se denomina de forma general como herencia de la estepa por su origen último, es precisamente mayor en las zonas en las que luego se hablarán lenguas no indoeuropeas en época histórica, así como en la Meseta Norte. Yo digo que en el Bronce Final, en torno al 1300 a.C., se produjo una nueva llegada de población, que se puede detectar en el noreste y en la Celtiberia. En la zona vascónica esta nueva contribución parece ser más tardía. Sin embargo, es seguro que se dio, porque en las muestras posteriores de la Edad del Hierro aparece.
– El celtibérico se desarrolla muchos años después de la llegada de los celtas en torno al 1300 a.C. porque estos celtas que llegaron todavía hablaban protocelta. Podemos asegurar que para el 780 a.C. el celtibérico ya se había separado del protocelta y existía, pero no podemos decir cuándo empezó a ser una lengua diferenciada.
– No hay testimonio alguno del celtibérico en el noreste peninsular porque ahí nunca hubo celtíberos. Los celtíberos estaban en Celtiberia, luego se movieron a otras zonas, pero eso no nos atañe en este tema y además no afecta al noreste ni a la zona vascónica. Lo que digo es que los celtas entraron por la misma ruta por la que lo hicieron los íberos, por los Pirineos orientales, pero que pasaron al interior peninsular y no se quedaron en el noreste.
– Los celtas no van primero, van al mismo tiempo que los íberos. Estamos hablando del 1300 a.C., cuando los indoeuropeos ya llevaban 1200 años en la Península. Otros pueblos indoeuropeos, como los que dieron origen a lusitanos y galaicos, estaban ya en el oeste peninsular. Los celtas son, en realidad, los más tardíos, y solo ocupan un territorio limitado (Celtiberia).
– Lo que yo pienso que había antes en toda esta zona que luego será vascónica e ibérica es una serie de pueblos indoeuropeos que han dejado su rastro en la hidronimia y la toponimia, pero que fueron conquistados y aculturados por los íberoaquitanos a partir del 1300 a.C.. Lo mismo para la Celtiberia, pero sustituyendo a los íberoaquitanos por celtas.
– Los datos toponímicos y sobre todo hidronímicos son aplastantemente indoeuropeos en toda la zona íbera y vascónica y aledañas. Son demasiado numerosos como para representar solo un aporte indoeuropeo que no eliminó las lenguas anteriores, al menos en mi opinión. Si en el caso celta está claro que llegaron de fuera porque el celta se desarrolló al norte de los Pirineos, yo me inclino por pensar que los íberoaquitanos también llegaron de fuera, y la única posibilidad de situar esa llegada con los datos genéticos y arqueológicos es en torno al 1300 a.C..
– Solo falta que la investigación avance, tanto al norte como al sur de los Pirineos, para saber mejor cómo se pudo dar este cambio.
– Es un grave problema que Aquitania, una de las zonas con más interés para lo que nos ocupa, sea un área muy pobremente estudiada en Francia para prácticamente casi todas las etapas de la Historia antigua. Esto se está empezando a subsanar, pero llevará tiempo. Navarra es una tierra de contrastes: mientras que la Ribera ha tenido una tradición investigadora muy potente, con yacimientos importantes y bien trabajados de numerosas épocas, cuando nos vamos más hacia el norte la información se reduce de forma alarmante. Irulegi, las excavaciones de Pamplona o yacimientos como Santa Criz de Eslava no son más que islas de conocimiento en un mar de oscuridad. La situación en Vascongadas es similar a la de Navarra, con algunos yacimientos bien excavados e importantes concentrados casi exclusivamente en Álava, siendo Vizcaya y Guipúzcoa todavía mayoritariamente terra ignota. Esto no es algo exclusivo de estos territorios en España, por desgracia.
– Para muestra un botón: un yacimiento tan importante como La Hoya, en Laguardia, con una estratigrafía que está documentada desde el Bronce Final hasta la Edad del Hierro para el asentamiento principal, todavía no tiene una publicación en extensión donde se expongan los resultados de los ¡16 años! de excavaciones. Hay suficientes publicaciones, dispersas y parciales, como para ver la enorme importancia del yacimiento, pero no existe ni siquiera una estratigrafía clara publicada, y las excavaciones terminaron ¡en 1989!. No es un caso único. Contrebia Leucada, Partelapeña, Graccurris o incluso el mismo Alto de la Cruz de Cortes para las últimas campañas sufren situaciones similares, solo por citar algunos yacimientos con renombre de la zona.
Gracias por aclararme y por corregirme, JAC.
Queda bastante claro que llegaron poblaciones, incluso dejan un rastro en el ADN (17%), parece que entraron por el noreste…pero contradictoriaremente no es ahí donde hay mayor aportación genética de esas gentes que llegan en distintas oleadas…
Y entonces sacas el conejo de la chistera: Lo que yo pienso que había antes en toda esta zona que luego será vascónica e ibérica es una serie de pueblos indoeuropeos que han dejado su rastro en la hidronimia y la toponimia, pero que fueron conquistados y aculturados por los íberoaquitanos a partir del 1300 a.C.
Pero si hacemos la misma comparación: la hidronimia y la toponimia actual del continente americano es castellana o portuguesa o inglesa…¿Hemos que de pensar que en el continente americano había una serie de pueblos latinos o anglosajones, etc. antes de la conquista?
Sería absurdo inferir eso, ¿no?
Herodoto o Estrabon escribían sus Historias y sus Geografías en su lengua y denominaban los ríos y los lugares «a lo indoeuropeo». Esa es la razón principal, pienso yo.
¿No te parece?
La hidronimia mayor en América sigue siendo en su mayor parte de origen precolombino. De toda la toponimia, los hidrónimos presentan una resistencia mayor que los otros nombres al cambio, por lo que son una muestra idónea para conocer las distintas capas lingüísticas, aunque siempre se deben comparar con el resto de datos. También en Inglaterra, por ejemplo, los hidrónimos mayores siguen siendo en su mayoría de origen céltico o indoeuropeo anterior al céltico, incluso en el este del país, donde la sustitución toponímica de los anglosajones primero y los nórdicos después fue más intensa.
Además, podemos analizar la antigüedad en algunos casos. El ejemplo que siempre se suele poner es el nombre del «río Guadiana»: primero tenemos la palabra «río», en español, que por su posición representa el estrato más moderno; después «wadi», raíz árabe relacionada con el agua y que también podemos traducir como río, una capa más antigua que la española; y finalmente Anas, el nombre que nos transmiten las fuentes antiguas, que por su posición es el más antiguo, y que no sabemos de dónde viene.
Pero vayamos más allá. Navarra estaba ocupada en la Antigüedad en su mayoría por los vascones, pueblo de lengua no indoeuropea. Si buscamos en Internet un mapa de sus cuencas hidrográficas principales, me sale uno con 25 ríos. De estos, tenemos:
– Origen eusquérico o íberoaquitano, 12, 48 %: Ebro, Urederra, Larraún, Leizarán, Elorz, Urumea, Bidasoa, Erro, Urrobi, Irati, Areta y Salazar.
– Origen indoeuropeo, 7, 28 %: Esca, Onsella, Aragón, Arga (o Runa), Ulzama, Odrón y Araquil. Este último conserva su nombre más antiguo cerca de su nacimiento en Álava, no en Navarra, con el nombre de Araya.
– Origen latino/romance, 1, 4 % : Linares.
– Origen árabe, 1, 4 %: Alhama.
– Origen incierto, 4, 16 %: Cidacos, Ega, Queiles, Araxes.
A esto habría que añadir que conocemos el nombre antiguo del Bidasoa, Magrada, un nombre muy probablemente indoeuropeo, y que también se nos da otro nombre para el Ebro, Elaisos, también compatible con ser indoeuropeo. De los tres inciertos el Queiles tiene visos de ser indoeuropeo, y el Araxes, el Cidacos y el Ega están en debate.
Estos hidrónimos indoeuropeos se reparten por toda la geografía, no se concentran en uno o dos puntos como se esperaría de posibles penetraciones desde ámbitos cercanos, y además copan los de los ríos más grandes, como el Aragón y el Arga. Si unos pobladores indoeuropeos hubieran llegado en el 2500 a.C. a un territorio habitado por gentes de hablas protoíberoaquitanas, se hubieran asentado y aportado una nómina de topónimos para luego perder progresivamente su lengua y aculturarse en la población íberoaquitana no habrían dejado, en mi opinión, tantos hidrónimos, y menos de los ríos más grandes, sabiendo la resistencia que este tipo de toponimia tiene ante los cambios.
Esto también pasa más al este: los hidrónimos mayores de las Cinco Villas y Huesca son mayoritariamente indoeuropeos (Arba, Isuela, Ésera, Aragón Subordán, Ara) y es un territorio que hablaba una lengua no indoeuropea en tiempos históricos. Son demasiados, en mi opinión, como para considerarlos una capa intrusiva que no consiguió cambiar la lengua anterior supuestamente íberoaquitana.
Por lo tanto, yo sigo opinando, hasta que se demuestre lo contrario, que es más probable que los íberoaquitanos llegaran después de los indoeuropeos a la Península Ibérica, y de momento la fecha más factible para esta intrusión es el 1300 a.C. en el caso de los íberos y algo después para los que darán origen a los vascones. En el caso de estos últimos, mi opinión personal es que derivan de los aquitanos y que llegaron desde Aquitania. Sin embargo, no tengo nada claro que Aquitania sea el solar original de los íberoaquitanos. Esa es mi opinión. Evidentemente, los autores antiguos podían modificar algún nombre de forma menor cuando lo intentaban escribir adaptándolo a sus lenguas, pero en su mayoría son fiables, y no tenemos ningún problema en identificar las raíces íberoaquitanas en el Ibero (Ebro) o el Aturrus (Adur), por lo que yo descarto una indoeuropeización masiva de nombres que no lo eran por parte de los autores antiguos, sobre todo porque las raíces hidronímicas de la mayoría de estos ríos son anteriores al latín y al griego, e incluso al celta.
JAC, no soy quién para discutirte nada. Seguro que tu tienes crédito en lo que dices pero, visto lo visto, permíteme que ponga casi todo en cuarenta.
Los hidrónimos: Amazonas-amazon, Río Grande, Río Plata, El Colorado, Magdalena, Columbia, Orinoco, Madeira river o otros rivers no me parecen muy precolombinos, que puede que sí haya muchos (sobre todo las denominaciones recogidas por los frailes evangelizadores que sí mostraron cierta sensibilidad).
Es tan discutible esto de las etimologías…
Ahí esta la lista de ríos europeos que Theo Vennemann consideraba portadores de hidronimia de origen protovascónico.
Como sabes mejor que nadie, para Vennemann, de la raíz: ibai/ibar podrían proceder:
Ebro, Ibar (Serbia, Montenegro) Ibra, Ebrach, Eberbäche (en Alemania)…Ebesberg, Ybbs…En Francia: Ivergny, Iverny, Yvré l’Évêque, Ébréon, Évrune, Ebersheim, Yvry en Montagne.
De la raíz ur:
Urola, Urura, Urofia, Huriel, Ourte, Urwis, Ura, Aurach, Auerbach, Urach, Urbach, Urula…
(Según IA Copilot)
Esta lista es tan conocida…como discutida y criticada. Otros ven un origen indoeuropeo para la mayoría de estos hidrónimos…
Siguiendo con la opinión que acabas de expresar, JAC, si tu ves sin problemas raíz iberoaquitana en el hidrónimo Ebro, ¿ves raíz iberoaquitana posible en la hidronimia que propone Theo Venneman: en Ibar de Serbia y Montenegro, en Ibra, Ebrach, Eberbäche, Ebesberg, Ybbs, Ivergny, Iverny, Yvré l’Évêque, Ébréon, Évrune, Ebersheim…?
Esos nombres de ríos podría ser señal de ser el solar original que buscas, más allá de Aquitania, de donde habrían partido los «iberoaquitanos» en torno al 1.300 a.C.?
Esa hidronimia con posible raíz IBAI/IBAR y otras en UR, ¿es señal antigua de presencia «iberoaquitana» o de presencia indoeuropea, cómo lo ves?
Las teorías de Venneman sobre el sustrato vascónico están hoy de forma mayoritaria descartadas por la investigación. Eso no evita que se acepte que la raíz ib- sea característica de las lenguas íberoaquitanas para indicar un curso de agua. En la lista que das habría que mirar caso por caso, por lo que he podido buscar rápidamente la mayoría no se corresponden en realidad con este grupo, y los que sí están en debate. En cuanto a la raíz ur-, algunos la defienden como íberoaquitana y otros como indoeuropea. Sinceramente, yo no dispongo de los conocimientos como para decantarme por una u otra opción, por lo que en ese tema me limito a aceptar que podemos dar este origen a los hidrónimos en ib- en zonas que sabemos eran íberoaquitanas. Para lo demás, creo que todavía falta mucha investigación.
Mi opinión sobre el solar original de los íberoaquitanos ya la di en otra entrada, aunque he de admitir que es más una intuición que algo con muchas pruebas. Yo creo que su origen está en la cultura de la Cerámica Picada/Perforada, que era cazadora-recolectora y se desarrolló en Escandinavia entre el 3400 y el 2200/2100 a.C., para luego emigrar a la Llanura Panónica en torno al 2100 a.C. y crear la cultura de la Cerámica Incrustada, que duró desde el 2100 hasta el 1500/1450 a.C.. Estas gentes, debido al colapso de las culturas de esa zona en esas fechas, se moverían hacia el oeste, llegando al Languedoc Occidental, al Rosellón y a Aquitania, donde se instalarían en torno al 1500 a.C.. Aquí se irían separando ya en las dos ramas principales, aquitanos en Aquitania e íberos en el Languedoc y el Rosellón. Después se producirían las expansiones hacia la Península Ibérica. Resumida, esa es mi opinión.
Echas en falta publicaciones sobre el asentamiento del Alto de la Cruz (Cortes, Navarra), que dirige Gloria Munilla.
Tengo entendido que el ADN de bebés enterrados en ese asentamiento (importante de la edad del bronce) sí que fue parte de un estudio internacional, que publicó Nature Communications en 2024. Era copartícipe de ese estudio Javier Armendariz, que trabaja en la UPNA con Gloria Munilla.
A su vez, Javier Armendariz dirige los trabajos en La Custodia (Viana, Navarra).
Ambos asentamientos están distanciados en el tiempo pero están bien cerca en el espacio, a la derecha y a la izquierda del curso del Ebro. Entiendo que los ADNs podrían dar interesante información (también) sobre migraciones de poblaciones, ¿no crees?
La Custodia es un yacimiento privilegiado para poder obtener ADN de niños enterrados y también de varones adultos, cuyos esqueletos aparecieron en las calles, tras el incendio. Pero Armendariz no parece tener ninguna prisa para esos estudios, según manifestó el mismo y nos hicimos eco de ello en este mismo foro.
¿Te parece que hay «cierto vértigo» al escenario?
El análisis de ADN del Alto de la Cruz es uno de los artículos que he mencionado en mi primer comentario. Aunque es muy completo en cosas como relaciones o patologías, el apartado de análisis de ancestralidad es muy escaso, y se nota que los autores del artículo no quieren centrarse en ello. Desde entonces no ha salido ninguna publicación ampliando los datos.
Las pocas muestras que sí se han analizado desde la perspectiva de la ancestralidad son tres de La Hoya en un artículo de Olalde, «Estudio del origen ancestral de los celtíberos con datos paleogenómicos», en Antropo, nº 49, páginas 1-12, 2023. Es un artículo demasiado generalista y esquemático. Además, las muestras de La Hoya no son de celtíberos, sino de berones, un pueblo céltico pero no celtibérico.
El Alto de la Cruz sí es un yacimiento celtibérico, pero tenemos esos problemas. En la conferencia del 2023 de presentación del proyecto actual de investigación en el yacimiento (está en Youtube) Gloria Munilla dice que no se publicaron las dataciones de los niveles P VI, P V y P IV porque no consideraron que fueran publicables pese a tenerlas. Incluso si comprara ese argumento, que personalmente no lo hago, tampoco se sabe nada (si me equivoco me gustaría que me enlazarais a la publicación pertinente) de los materiales de dichos niveles. No lo publicaron porque no quisieron, tendrán sus motivos, pero esas excavaciones terminaron en 1993 y estamos en el 2026. El equipo promete que con esta nueva fase de la investigación se publicará finalmente toda la secuencia del yacimiento, junto con nuevos datos, pero la última actualización es extremadamente escueta. Habrá que esperar.
Para el caso de La Custodia más de lo mismo. Es un yacimiento berón, está excavado con gran profesionalidad, pero no se están publicando los resultados a un ritmo razonable, como pasa siempre. No es muy halagüeño que a día de hoy la mayor información que puedes obtener sea de una conferencia de Javier Armendáriz en Tudela en el 2023 (está en Youtube). En esa conferencia Armendáriz dice que ya tienen los resultados de ADN de uno de los cuerpos pero que habrá que esperar. Han pasado 3 años y no se sabe nada ni de esos resultados ni del resto de muestras.
Se hizo un análisis de ADN mitocondrial de 41 muestras de los niveles de la Edad del Hierro de La Hoya, de las que 15 se pudieron estudiar. De nuevo, sin extenderse en la ancestralidad y el estudio comparativo de poblaciones antiguas. Estas muestras se compararon con pobladores de Laguardia actuales y con alaveses con procedencia al norte de la sierra de Cantabria. Solo se confirmó lo que ya se sabía: que no hay continuidad total entre las poblaciones modernas y las antiguas, pese a que sí que la mayoría del ADN permanece. Es llamativo que eligieran comparar con alaveses de más al norte, cuando La Rioja Alavesa, pese a estar en Álava, ha tenido siempre una conexión mucho más profunda con La Rioja y el área navarra cercana que con las tierras más al norte, y lo mismo pasaba en la Antigüedad. Pero bueno.
En La Hoya se encontraron más de 200 cadáveres en todos los niveles. Es un yacimiento, junto con La Custodia y otros de la zona, que podría dar una información tremenda para esas épocas no ya solo a nivel genético, sino de materiales si se publicara de una vez.
Estos estudios, aunque incompletos, confirman la llegada en el Bronce Final de poblaciones que no estaban en épocas anteriores. Sí que creo que todavía hay algunas reticencias a los análisis de arqueogenética por miedo a caer en los fantasmas de la Segunda Guerra Mundial, pero opino que afortunadamente estas actitudes cada vez son más minoritarias. La arqueogenética ha supuesto una revolución en el conocimiento de la Historia, ha dado más información en diez años de la que siquiera se imaginaba, y la seguirá dando. En España, además, tenemos la suerte de contar con grandes profesionales en la materia, que se encuentran entre los mejores del mundo.
Como lector, se agradece el tono didáctico de la conversación, JAC.
Los estudios de ADN muestran que ha habido aporte genético externo ( X %), pero creo que ese es el proceso “normal”, ¿no? O así entiendo.
El aporte externo de las distintas oleadas migratorias se va integrando en el componente genético «ancestral» que permanece. Es interesante ese dato X del aporte externo y es interesante la parte genética que «permanece».
Supongo que, a nivel lingüístico, pasa igual: los préstamos se van integrando en la estructura de la lengua. Sin duda, la lengua ibera fue integrando muchos préstamos “vecinos”, más cuando hubo relaciones comerciales fluidas y se tiende a usar términos de uso común. (Si me permites un inciso: es el caso del verbo “erok” íbero, con sentido de «llevar, dar, ofrendar»…Orduña, Silgo… ¿Es posible que el «erok» ibero sea un préstamo del griego φέρω > (f)ero? y del latín «ferre», que dio trans-ferir (llevar)…y también of-frenda?. Erok –con R´–erokan, biterokan, garokan, gotua derokegon…Me estoy acordando de la jarrita (¿votiva?) de La Joncosa…
Pero dejando a un lado mis divagaciones, te pregunto, JAC, sobre los iberos y la lengua ibera y su procedencia:
–¿Existe algún autor antiguo –Heródoto, Estrabón, Avieno, Diodoro, Apiano…– que diga que los íberos vinieran de fuera?
Al contrario, creo que todos ellos describen a los iberos como pueblos de la costa mediterránea, sin mencionar migraciones. Corrígeme si me equivoco.
–Si ningún autor clásico habla de una llegada externa, ¿de dónde procede entonces la idea moderna del “íbero inmigrado”? Creo que esta teoría aparece en el siglo XIX, justo cuando el romanticismo europeo exaltaba «lo celta» como raíz noble, heroica y propiamente europea. ¿No es significativo?
–Si los íberos eran pueblos pequeños pero muy bien articulados, comercio mediterráneo, urbanismo y redes políticas complejas y tenían «escritura» propia… ¿por qué no aceptar en principio que fueran del lugar y tuvieran «lengua propia», hasta que se demuestre lo contrario?
–¿No sería juicioso revisar si la teoría del ibero «venido de algún lugar de fuera» es más una «necesidad» que un dato arqueológico o genético?
Los cambios genéticos del Neolítico y de la Edad del Bronce fueron masivos. Se pueden ver claramente en una PCA. El mejor resumen que hay, en mi opinión, es esta charla de Vanessa Villalba Mouco, https://www.youtube.com/watch?v=-Ck4ca9CGF4. Para ampliar, el canal de Youtube Cinco minutos de historia, que creo que Joseba ya ha recomendado en algún comentario. El cambio del Bronce Final fue menor, pero es, desde la perspectiva de la investigación actual, el probable culpable de la introducción de las lenguas célticas. Yo añado las íberoaquitanas a las célticas.
– No hay ningún autor antiguo que nos diga que los íberos vinieron de fuera porque lo más antiguo que tenemos es la descripción de Avieno, que nos transmite el panorama en torno al 500 a.C., mucho después de las cronologías del Bronce Final.
– La idea de que los íberos vinieron de fuera no viene de las ideas nacionalistas del XIX y el XX. En España no se hizo una identificación de la población con un pueblo en particular, como sí se hizo en Francia, Alemania, Inglaterra o incluso Portugal. En España se tomaban hechos concretos de ese pasado prerromano que se consideraban ejemplares o que podían exaltar unos supuestos ideales de la raza española (Numancia, Sagunto, Viriato, Indíbil y Mandonio, Tartesos). Cuando convenía se daba más importancia a los íberos o vascones (pureza racial vasca, pueblo nunca conquistado, vascoiberismo…), a los celtas (grandes conquistadores, los celtíberos resistentes, separatismos gallego, asturiano o cántabro) o incluso a los godos como germanos que nos relacionaban con una supuesta supremacía racial germana. Solo recordar los paseos de los nazis y otros por yacimientos y pueblos de todo el país.
– La idea de que los íberos (y con ellos los demás pueblos íberoaquitanos) podrían venir de fuera surge, creo yo, de forma progresiva en el último tercio del siglo XX a partir de la investigación lingüística, que no la histórica, y es una idea del ámbito académico, para nada política. Se basa en las investigaciones de la lengua ibérica y de la toponimia, principalmente de la hidronimia, esto último siguiendo el trabajo sobre hidronimia iniciado por Hans Krahe en los años 50 del siglo XX.
Los investigadores, principalmente paleohispanistas, se sorprendían cada vez más al constatar que la lengua ibérica, pese a tener un territorio muy amplio, presentaba una homogeneidad asombrosa que chocaba con la asunción de que era una lengua antiquísima. Además, los topónimos claramente indoeuropeos en territorio ibérico estaban por todas partes, sobre todo en la hidronimia. De estas dudas empezaron a surgir teorías como la de considerar al ibérico como una especie de lengua franca que se hablaba como lengua de prestigio y por eso se mantenía tan homogénea, formulada por Javier de Hoz.
Esta hipótesis, hoy descartada, surgió en los años 90, cuando se produjo la gran explosión de trabajos relacionados con esto, a la par que el avance en el análisis lingüístico de la lengua en sí y sus documentos. La presencia de esta toponimia indoeuropea sirvió a algunos para defender teorías sobre el origen de las lenguas indoeuropeas como la de la continuidad paleolítica, pienso principalmente en Xaverio Ballester. Sin adherirse a esta corriente, Francisco Villar Liébana fue el gran filólogo que estudió la toponimia e hidronimia de la Península, junto a otros profesionales. De nuevo, constató la presencia de una capa indoeuropea profunda en los territorios íberoaquitanos. Aunque se le ha criticado numerosas veces y con razón, tanto por su excesiva atribución de topónimos a lenguas indoeuropeas como por algunas de sus conclusiones, por poner los principales escollos a su trabajo, la base del mismo está intacta, a saber, los hidrónimos y topónimos indoeuropeos en territorio íberoaquitano están, y no son pocos precisamente.
Ya comenté en otra entrada las opiniones de Javier Velaza sobre este asunto (conferencia en el Museo Arqueológico Nacional en el año 2019), en las que cita, además de a Xaverio Ballester, a Jesús Rodríguez Ramos. Con estos datos se fue a la arqueología y se vio que lo que se llamaba cultura de los Campos de Urnas tenía su centro y mayor expresión precisamente en el territorio ibérico, cuando se asumía que venía de allende los Pirineos y por lo tanto traía lenguas indoeuropeas. Javier Velaza plantea que eso hay que revisarlo a la luz de la documentación lingüística.
La investigación histórica ha seguido a la lingüística en este punto, y ahora se une la arqueogenética. A día de hoy, la mención en el turno de preguntas de esa conferencia de Velaza es la mejor expresión del estado de estas opiniones: los profesionales han encontrado algo, pero sus posibles implicaciones son tan importantes que han decidido dejarlo congelado, pese a que saben que está ahí, porque consideran que meterse en esto ahora no traería más que problemas y más confusión tanto al panorama de la investigación como al público. De momento, se están centrando en seguir investigando las lenguas paleohispánicas para mejorar el conocimiento. Solo Xaverio Ballester sale de vez en cuando con algo sobre esto, pero lo hace para defender la teoría de la continuidad paleolítica sobre el indoeuropeo. Dicha teoría está totalmente desbancada a día de hoy, por lo que, pese a que es un profesional respetado, nadie le hace demasiado caso. Francisco Villar Liébana es muy mayor y lleva retirado desde 2014 principalmente, Javier de Hoz falleció, por desgracia, y los demás están centrándose en otros aspectos, como las novedades que aporta Irulegi, y no en profundizar en este tema.
@Paloma, de acuerdo en lo inadecuado del término preindoeuropeo. Yo también lo menciono cada vez que lo veo:
Hace ya bastantes años, Jürgen Untermann publicó unos mapas en los que la Hispania prerromana aparecía nítidamente dividida en dos zonas, una no indoeuropea al este y sur y otra indoeuropea en el resto. Esto era en base a ciertos elementos en nombres de ciudades (uli ~ ili vs. -briga) recogidos en fuentes antiguas y en la numismática. Creo que este era el consenso hasta hace poco, dejando aparte la relación que pueda haber entre ibero y vascoaquitano (que sigue estando poco clara).
Luego tenemos la revolución paleogenética. Olalde et alii encuentran que en un momento se produce la entrada de un flujo genético importante procedente últimamente de la Estepa y –tachán tachán– tiene el mismo impacto en las dos zonas lingüísticas mencionadas. Luego genes y lenguas no coinciden.
Estudios genéticos posteriores indican que en realidad se produjeron dos flujos migratorios procedentes de Centroeuropa, separados en el tiempo. El segundo flujo quizá se puede relacionar con la cultura de los campos de urnas. Si entiendo lo que dice JAC, lingüísticamente esta segunda migración se puede relacionar tanto con la entrada de los celtas como con la de los iberos y vascoaquitanos. Si es así, más análisis paleogenéticos tampoco nos van a aclarar la cuestión lingüística.
Totalmente aparte. Algo que sí sabemos: La cita de M. Arranz en la entrada contiene alguna inexactitud etimológica. Sueldo y soldado no vienen de ‘sal’, sino de solidus que era una moneda romana. Lo que viene de sal es salario. A los legionarios romanos les pagaban también en sal.
¡Cierto! He reproducido y aumentado la errata de María Arranz. 🤦🏽♂️ Como se indica arriba, sueldo, soldado, soldada no prodecen del latín sāl (como tampoco saldo o saldar), sino de solidus ‘moneda de oro‘. Me ha picado la curiosidad y estoy consultando en Wiktionary el origen de ‘sal’ (español, portugués, catalán), que como la variante occitana sau, o la francesa sel, derivan del protoitálico *sāls. Por su parte salt (inglés) no tiene origen franco, sino germánico, *saltą, y ambas formas protoitálica y protogermánica procederían de un protoindoeuropeo sḗh₂l.
Muy distinto es el origen de nuestro gatz vasco, para el que todavía no conocemos el presumible cognado ibérico.
Sobre la línea Untermann:
Gracias.
El griego hals, halós ’sal’ tiene el mismo origen que el latín sal, salis, sí. En griego s inicial pasa a h, como podemos ver comparando palabras de origen latino con otras de origen griego: semicírculo con hemisferio, séxtuple con hexágono, séptimo con heptágono, o serpiente con herpes o herpetología.
De la conferencia de Jesús Arenas he aprendido que se tomó el trabajo de localizar las fuentes para cada uno de los topónimos en -briga en el mapa de Untermann, concluyendo que su valor probatorio es muy desigual, si lo que queremos determinar es dónde se hablaba una lengua hispanocéltica a la llegada de los romanos. Esto, al parecer, lo había advertido ya el mismo Untermann.
También es interesante la advertencia que hace sobre el valor a veces muy dudoso de la onomástica, con el ejemplo de los ciudadanos romanos mesetarios que en el siglo IV, cuando además ya eran muchos cristianos, empiezan a ponerse a sí mismos (o a sus hijos) nombres célticos, a pesar de ser latinohablantes y no tener ya ni idea de la lengua de sus antepasados celtíberos. Como en esa época todo el mundo se llamaba cosas como Marcus y Titus, lo que molaba era recuperar los nombres indígenas antiguos. Hace una advertencia parecida con los teónimos indígenas que aparecen en inscripciones en latín.
También menciona que la cultura material tampoco no nos dice mucho sobre la lengua que se hablaba en cada sitio. Por el ajuar con el que eran enterrados o el tipo de cántaros y mobiliario doméstico no es posible saber si esas personas eran lingüísticamente celtas o iberos (o, añado, vascos).
Así que si no tenemos textos, no podemos saber mucho sobre el tema de la extensión de cada lengua.
Por otra parte, parece que la paleogenética peninsular no nos sirve absolutamente para nada en cuanto a este tema. Si entiendo cómo están las cosas, de momento no se ha encontrado un marcador genético que nos permita distinguir iberos ni de hispanoceltas ni de vascoaquitanos. Todos son genéticamente parecidos. Una presencia mayor o menor de herencia centroeuropea (que se extiende en la Península sobre todo por vía masculina) no nos dice nada sobre la indoeuropeidad o no de la lengua del difunto. La hipótesis de que celtas e iberos fueron compañeros de viaje me parece la más probable con los datos genéticos y arqueológicos que al parecer tenemos. Lo que quiere decir, naturalmente, que las lenguas célticas e ibéricas sustituyeron a otras que se hablaban con anterioridad en los territorios por donde se expandieron.
Esto de los hispanoceltas y los iberos (lingüísticamente totalmente diferentes, pero culturalmente y genéticamente casi iguales) contrasta con lo que nos dicen las fuentes clásicas (esto es, César y Estrabón) sobre los aquitanos: estos individuos habitan una parte de la Galia, pero no tienen nada que ver con los celtas de la Galia, ni lingüísticamente, ni culturalmente ni en su aspecto físico. En todo esto son más como los iberos. ¿O sea que los celtas de Hispania eran como los iberos pero totalmente diferentes en cultura y aspecto físico de los celtas de la Galia? Es posible que la investigación paleogenética de Francia nos aclare algo quienes eran estos individuos que, mirabile dictu, actuaron como vector tanto de las lenguas ibéricas como de las hispanoceltas y que relación tenían con los galos.